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Singapur: por qué tener cualquier automóvil es el mayor lujo posible

En Singapur, el alto costo de los permisos para circular convierte a cualquier vehículo, por viejo que sea, en un símbolo de estatus inaccesible para la mayoría.

Redacción Minuto Nacional
Foto: motorpasion.com.mx

A diferencia de otras naciones donde un Ferrari o un Lamborghini representan la cúspide de la riqueza, en Singapur poseer cualquier tipo de automóvil se ha consolidado como el indicador definitivo de solvencia económica. Este fenómeno, observado por analistas de movilidad urbana, responde a una política pública sumamente restrictiva diseñada para limitar la saturación vehicular en esta pequeña ciudad-estado, donde los permisos de propiedad pueden superar el precio del propio vehículo.

El sistema, basado en cuotas de propiedad que se subastan de forma periódica, encarece el acceso a un coche particular a niveles que resultan prohibitivos para gran parte de la clase trabajadora. Esto genera una realidad donde tener un vehículo, incluso si se encuentra en condiciones de desgaste evidente, sitúa al propietario en un segmento de ingresos privilegiado, muy por encima de quienes dependen exclusivamente del sistema de transporte público local.

Para los residentes, el valor de un automóvil no reside en su potencia ni en su diseño, sino en la exclusividad que otorga haber pagado las elevadas tasas gubernamentales. Mientras en otros países del mundo el lujo se asocia con el prestigio de marcas de alta gama, en el mercado singapurense, el simple derecho a circular es lo que marca la diferencia social entre los ciudadanos.

Esta situación plantea retos importantes sobre la equidad y la movilidad, obligando a las autoridades a mantener una red de transporte público altamente eficiente para compensar las dificultades de acceso al vehículo privado. A medida que la densidad poblacional aumenta, el costo de oportunidad de poseer un automóvil sigue incrementándose, reforzando la idea de que, en Singapur, la movilidad privada es un privilegio exclusivo y no un derecho básico.

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